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Consejos

Carta a quien va a encargar su primera web

Por Álvaro Garray10 min de lectura
Cuaderno con notas a mano sobre cómo planificar una web, junto a una taza de café

Querida persona que va a contratar su primera web,

Probablemente no nos conocemos. A lo mejor has llegado aquí porque ya tienes dos o tres presupuestos sobre la mesa y no sabes muy bien con cuál quedarte. O porque acabas de decidir que ya toca, que llevas demasiado tiempo enviando el catálogo por WhatsApp y sintiéndote como un negocio de los 90.

Sea lo que sea, te escribo esto porque una primera web casi nadie la encarga bien. Y no es culpa tuya: nadie te explica lo que tienes que mirar. Vas a ciegas, comparas precios, eliges al que cae mejor o al más barato, y a los dos años te das cuenta de que necesitas empezar de cero. Lo veo cada mes.

Así que te dejo aquí, sin venderte nada, lo que me gustaría que alguien me hubiera contado a mí antes de mi primer encargo. Voy por partes.

Antes de pedir un solo presupuesto

El primer error es pedir presupuestos antes de tener claras cuatro cosas tuyas. Tomar decisiones contigo mismo no cuesta nada y te ahorra muchos malentendidos después.

1. Para qué quieres la web exactamente. No vale «para estar en internet». ¿Para vender online? ¿Para que la gente reserve cita? ¿Para que cuando un cliente potencial te busque en Google encuentre algo que dé confianza y te llame? Cada respuesta lleva a una web distinta. Si no lo sabes tú, el que te vende tampoco lo va a saber, y acabarás pagando una web preciosa que no resuelve tu problema.

2. Cuánto puedes invertir, de verdad. No te digo el número que vas a regatear: el que de verdad puedes asumir. Eso te ayuda a filtrar. Si tu presupuesto es de 400 €, ya sabes que no vas a contratar una agencia grande. Si es de 4.000 €, no vas a meterte con un chaval que improvisa. Tener la cifra clara en la cabeza ahorra muchas reuniones inútiles a las dos partes.

3. Quién la va a mantener después. Esta es la pregunta que no se hace nadie. La web no es como un cartel que cuelgas y se queda. Hay que actualizar textos, cambiar fotos, tocar precios, añadir promociones, renovar el dominio, mantener actualizaciones de seguridad… ¿Vas a hacerlo tú? ¿Quieres a alguien fijo que se ocupe? Si no piensas esto desde el principio, lo más normal es que a los seis meses la web se quede congelada en el tiempo.

4. Qué pasa si la cosa no sale bien. Y con «no sale bien» no me refiero a que la web sea fea: me refiero a que cambies de negocio, que decidas vender el local, que tu sector cambie y necesites algo distinto. ¿La web es tuya o es del que te la hizo? Esto lo veremos en la sección de las red flags, porque aquí es donde más gente se come un lock-in que no sabía que estaba firmando.

Lo que tienes que preguntar SIEMPRE

Cuando ya tengas tus deberes hechos y pidas presupuestos, hay un puñado de preguntas que deberían salir sí o sí. Si quien te atiende se incomoda con alguna, ya tienes información suficiente.

  • ¿Quién va a hacer el trabajo de verdad? ¿Tú? ¿Subcontratas a alguien? ¿De qué país? No hay nada malo en subcontratar, pero quieres saberlo para entender quién responde si algo va mal.
  • ¿De quién es el dominio y la web cuando esté hecha? Esto es no negociable: el dominio (tunegocio.com) tiene que estar a tu nombre. Si te dicen que «ya nos encargamos nosotros», pide que conste por escrito que la titularidad es tuya. He visto a clientes que llevan diez años creyendo que el dominio era suyo y al irse del proveedor se les quedaba allí.
  • ¿Voy a tener acceso al panel de la web? Sí o no. Si la respuesta es «no, ya lo gestionamos nosotros», pregúntate por qué.
  • ¿Qué pasa el día después de la entrega? ¿Hay mantenimiento? ¿Cuesta? ¿Qué incluye? ¿Y si quiero cambiar a otro proveedor en dos años, cómo me llevo la web?
  • ¿Cuántas iteraciones de diseño entran en el precio? Si la respuesta es «ya iremos viendo», está mal. Si es «una», eres tonto si firmas. Lo razonable es dos o tres rondas de cambios.
  • ¿Plazos reales? Una landing seria son 5-10 días. Una web corporativa, 2-3 semanas. Una tienda online, 4-6 semanas. Si te prometen una web profesional en 48 horas, no es una web profesional. Será otra cosa, pero no eso.
  • ¿Qué tecnología vais a usar? Tienes derecho a saberlo. WordPress, Shopify, código a medida… cada uno tiene consecuencias en mantenimiento y portabilidad. Si te dicen que «eso es muy técnico, no te preocupes», preocúpate.

Las red flags que deberían hacerte salir corriendo

No me invento estas. Las he visto todas, varias veces, en clientes que vinieron a rescatar.

  • Precio sospechosamente bajo. Si te ofrecen una web profesional por 150 €, eso o es una plantilla con tu logo encima, o lo está haciendo alguien que aún está aprendiendo a tu costa. Una web bien hecha lleva, como mínimo, una jornada o dos de diseño y otra de desarrollo. Echa cuentas con el coste/hora.
  • «Te lo hago gratis si pagas hosting conmigo X años». Lock-in puro. Cuando quieras irte, te tocará empezar de cero.
  • Te garantizan primera página de Google en 30 días. El SEO no se garantiza. Quien lo promete o miente o va a hacer trampas que Google penaliza a los seis meses.
  • No te enseñan portfolio o son todas iguales. Pide ver webs entregadas a clientes reales, no plantillas. Si todas se parecen entre sí, te van a entregar lo mismo.
  • No te dan precio por escrito hasta que firmas. Cualquier profesional serio te manda una propuesta detallada con qué se incluye, qué no, plazos y forma de pago.
  • Te hablan de «tener IA en la web» sin saber explicarte para qué. La IA es una herramienta, no un adorno. Si no te concretan qué hace y qué problema resuelve, es venta de humo. Hablo bastante del tema porque me toca a menudo.
  • Plazos imposibles. Si te dicen «en una semana la tienes» para algo que claramente lleva un mes, o son magos o están firmando un parto que no puede ir bien.
  • Sin contrato escrito. Aunque sea un freelance solo y te caiga genial, que conste por escrito qué se entrega, en cuánto tiempo y por qué precio. Es protección para los dos.

Lo que NO necesitas, aunque te lo vendan caro

Mira, hay cosas que quedan muy bien en una reunión comercial y luego son inútiles en una web de pyme local. Apúntate estas:

  • Animaciones complejas y efectos 3D. Cargan lento, marean en móvil y a los seis meses se ven anticuadas. Una web limpia, rápida y clara convierte más.
  • App móvil propia si no tienes miles de usuarios recurrentes. Una web bien hecha en móvil sirve para el 99% de los negocios.
  • Diez idiomas si vendes en Lleida. Sí, el inglés tiene sentido en algunos casos. El chino y el alemán para una cervecería del centro, no.
  • Chatbots vacíos que solo dicen «hola, ¿en qué puedo ayudarte?» y no saben responder a nada. Más vale un WhatsApp visible que un chatbot que no resuelve.
  • Tener tu logo «animado». Quédate con un buen logo, fijo. La animación es de alguien que necesitaba justificar la factura.

Lo único que de verdad importa

Si hacemos limpieza de todo lo anterior, queda una lista corta de lo que sí debería importarte:

  1. Que cuando alguien te busque en Google (o por recomendación) encuentre algo que dé confianza en los primeros tres segundos. Eso no se consigue con magia: se consigue con un diseño cuidado, un texto que hable de los problemas del cliente y unas fotos que se vean dignas.
  2. Que la web haga lo que tú necesitas: recibir reservas, dejar que te escriban, mostrar tus trabajos, vender un producto… Pide una funcionalidad concreta, mídela.
  3. Que cargue rápido y se vea bien en el móvil. Hoy más del 70% de las visitas a una web local son móviles. Una web que tarda 6 segundos en cargar en móvil ya ha perdido a la mitad de los visitantes antes de empezar.
  4. Que tú puedas mantenerla, o que tengas a alguien fiable que lo haga por ti. Una web abandonada no es una web: es un escaparate con la persiana medio bajada.
  5. Que sea tuya. Dominio, código, contenidos y accesos. Si mañana te enfadas con quien te la hizo, te tienes que poder ir con tu web debajo del brazo.

Y una última cosa

Si has llegado hasta aquí, ya estás mejor preparado que el 90% de los clientes con los que me siento por primera vez. No hace falta que te conviertas en un experto en webs: solo en un cliente bien informado. Eso ya te ahorra muchísimos disgustos.

Si tienes los presupuestos sobre la mesa y todavía dudas, puedes pasarte por la guía de cómo elegir agencia de diseño web o por el artículo sobre agencia vs freelance vs hacerlo tú mismo. Y si lo que dudas son los números, en cuánto cuesta una web en Lleida tienes los rangos honestos del mercado, sin maquillar.

Si te decides por nosotros, perfecto. Si no, también: lo que me importa es que no acabes pagando el doble por una web que no sirve. Hay demasiada gente cobrando lo que no debería y demasiados negocios pagándolo sin saber.

Un abrazo, y suerte con esa primera web.

— Álvaro Garray
ilerNetwork · Lleida

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Si ya tienes presupuestos sobre la mesa y quieres que alguien los mire contigo de tú a tú, escríbeme. No te voy a vender mi propuesta a la fuerza — te diré lo que veo, gratis, y tú decides.

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